En la vida real logro aguantar la cordura durante más tiempo que en mis otras vidas, sobre todo en el trabajo y en sitios politicamente tan correctos por obligación divina, la del sistema. Aquí no, porque aquí no hay lugar para aguantar este tipo de vulgaridades, escribo de lo que me pasa por la cabeza sin mayor influencia de la ya mencionada y ya redundante cordura. Bajo esta influencia puedo darle la vuelta a casi todo lo que me proponga darle la vuelta, se entienda o no, gran terapia y algo totalmente necesario para poder seguir siendo un pretendiente a loco con su tema. Mi tema hoy es lo previsible, porque así dije que lo haría, y le doy la vuelta a este concepto porque me doy cuenta al pensar, que lo previsible no es tan previsible, que a fin de cuentas echo de menos esas cosas con argumentos ya escritos y aparentemente aburridas de entrada cuando no ocurren como deberían de haber ocurrido. Echo de menos el fútbol los domingos de verano, echo de menos el agua del grifo cuando lo abro y no hay agua y echo de menos que no haya gasolina en una gasolinera cuando una huelga de transportes para un país entero. Supongo que cuando viajas en tu coche lo previsible es llegar a tu destino y que os voy a contar de otros medios de transporte tras esta negra semana. No creo que me vuelva a incomodar si alguien algún día me dice que soy un tipo previsible, sin duda eso será algo bueno por fin. Simplemente infravaloraba la grandeza de las cosas más normales. Al final no hay nada más perfecto que algo previsible. Me siento a la orilla de una playa y veo romper una ola, y otra, y otra, y siempre igual, y siempre previsible, pero que no dejen de romper, por favor.
EL DIABLO, CAPATAZ DE PROGRESO
Hace 1 mes