Los tontos

07 enero, 2011

Solo hay cuatro tipos de personas, los tontos y las tontas, los listos y las listas; los tontos y las tontas no saben que son tontos y que son tontas, y por eso día tras día repiten las mismas tonterías y chorradas sin pensar que hacen las cosas mal; en cambio los listos y las listas saben que son listos y que son listas y también saben que los tontos y las tontas son tontos y son tontas. Por eso perdonan sus tonterías y chorradas una y otra vez, aunque a veces tengas que joderte un poquito, solo un rato. Vas y los y las perdonas sin mayor drama o trascendencia o importancia. Cuando vuelves a salir de casa hacia el garaje, simplemente lanzas una sonrisa al espejo del ascensor y eres feliz de saber diferenciar a los tontos y las tontas de los listos y las listas. Si eres tonto o tonta no te esfuerces en volver a leerlo, jamás lo entenderás ni te darás por aludido o aludida. Porque ese es el gran secreto de tu vida, eso que hace que las cosas jamás encajen. No, nunca has sido especial, simplemente eres tont@.

Un año más

29 diciembre, 2010

Cuando se mira hacia atrás después de un largo día, semana, mes o incluso - como aquí y ahora - un largo año se da uno cuenta de que el término 'largo' de repente ha perdido todo su valor. Y ese día, semana, mes o año parecen haber tenido la misma duración volviendo a perder de nuevo todo su valor, pero esta vez a lo grande, porque incluso las unidades de medida del tiempo parecen totalmente absurdas. Se recurre sin vacilar entonces a alguno de los estúpidos tópicos inventados por algún demente realista de esos que hundieron a los grandes genios por miedo a los cambios, por la necesidad humana de encontrar una explicación lógica y normal y poder así seguir adelante sin inmutarse; es cuando dice, por ejemplo, que el tiempo pasa volando. Siempre ha sido fácil para algunos juzgar el pasado una vez sucedido dentro de la lógica, aunque yo por mucho que lo intente todavía no logre hacerlo, por suerte. La humanidad siempre ha sido hábil para estas cosas, entre otras miles de millones de excusas parecidas. El caso es que después de un largo año no encuentro gran diferencia en casi nada, hablando en tercera persona, evidentemente. El tiempo ha vuelto a pasar y las cosas en general siguen igual de mal, igual de jodidas para la mayoría en esta extraña civilización humana de la que a veces me gustaría no formar parte. Yo creo que el problema esta situado en algo muy simple, en que se mide mal el tiempo y que en realidad no es ni siquiera necesario el medirlo, pues es un término totalmente absurdo. De hecho, si se vuelve a mirar hacia atrás, pero mucho más lejos, en primera persona, es fácil ver de que las contadas personas que consiguieron cambiar algo de verdad lo hicieron muy rápidamente, en un simple instante y sin mayor dilación o tardanza en el tiempo. Al día siguiente todo había cambiado, tras ese segundo de gloria. Y esa es la diferencia, que las cosas grandes suceden en un simple segundo, no en un puto año. Quizás el 2011 nos brinde un segundo de estos, yo no pierdo la esperanza, también tengo mis excusas.

Muertes

13 noviembre, 2010
A veces me sucede que no me resulta un desastre la muerte de un ser humano; no doblan las campanas por mí. Me pasó con Benedetti o con Berlanga últimamente. Y es que sin duda hay muertes para celebrar, como el mismo Benedetti dijo una vez: 'La muerte solo es

Sueños

04 noviembre, 2010
Los sueños sueños son, cierto es ... pero. Y viene esto a colación por un sueño que tuve hace un par de noches. Ahí me surgió la duda.

Rutinas

31 octubre, 2010
Las ocho

Daría igual si fuese cualquier otra hora, incluso daría igual que fuese viernes, que lo es, pero a esta hora todo el infierno se despierta dentro de mí. Es efímero y deja de tener poder con el paso de pocos minutos, pero a las ocho, cada día, todo se incendia durante un rato. Lo irónico de todo es que es perfecto que sea así, porque si no sucediera justo a esa hora, es cuando realmente tendría un problema.

Las agujas marcan el inicio, la chispa, y las personas me sirven de mecha. Sus tonos de voz, sus vestimentas, sus miradas … y sigo escalando hasta acabar con sus existencias. Cuando se me acaban las personas físicamente subo otro nivel y absorvo a través de la mente más personas, otras que todavía no están pero que pronto estarán y sigo el mismo proceso. La idea es no encerrarte en un bucle. Es necesario seguir escalando hasta llegar al cenit del influjo de esta hora que me sucede 5 días a la semana. Digiero este proceso mientras me dirijo a la cafetera, tomo un café y me fumo un cigarrillo. Luego vuelvo a entrar y simplemente enciendo ‘mi’ ordenador y empiezo a trabajar. Cuando me vuelvo a acordar ya se ha ido, y el poder de otra hora ha comenzado ya a capturarme.

Y entonces creo que lo he aprendido una vez más, y me vuelvo a dar cuenta de que es mentira un tópico más; que la vida no tiene nada de rutinaria, absolutamente nada.

Las cuatro y media

Da igual la hora que sea, incluso daría igual que fuese lunes, que lo es, pero a esa hora toda la gloria celestial se despertará dentro de mí. Efímero también pero no tanto pues el poder de esta hora tiene el don de atravesar el pasado el presente y el futuro como una daga de esperanza grandiosa a corto plazo. Como en paralelo coincide con otro aspecto fundamental, el instante, todavía cobra más fuerza. Pasado el efecto de las ocho ya empieza a funcionar, en el pasado. Llegada la hora, en el presente, se llega a la cúspide, pero sigue durante varias horas. Solo cuando se acaba el día deja de tener importancia. Pero también me sucede 5 días a la semana.

Y me vuelvo a acordar, y lo vuelvo a repetir después de un paréntesis de olvido repetitivo y diario, que la rutina no debe existir, que no existe, que solo la inventamos gracias a que algún loco o loca nos dió algún que otro don, como podría ser la imaginación.

Y entonces sucede que vuelvo a la rutina, y al volver me despierto y me doy cuenta de que ya son las ocho, y de que es lunes y martes, y que todo vuelve a empezar. Aunque, claro, en el último instante miras hacia atrás y ves que todo ha sido diferente. Y vuelvo a renegar. Quizás exista, quizás no. Pero lo que si sé es que mi lucha interna contra todo lo que no me gusta es muy real. Y saberlo me resulta exageradamente esperanzador dentro de todo este invento tan raro, y extraño.